Los expurgos también son necesarios en las bibliotecas jurídicas

ExpurgoLas bibliotecas jurídicas están en constante evolución, por lo que siempre tienen que estar renovándose para adaptarse a los cambios derivados de las necesidades de nuestros usuarios, los cuales tienen la obligación de estudiar, ya que el ordenamiento jurídico no es estático.

Dentro de las funciones principales del bibliotecario, ejecutar la política de expurgo es la más dolorosa. Pero, ¿qué es expurgar? En la jerga de la profesión, expurgar es retirar de forma definitiva los documentos del fondo bibliográfico.

La política de expurgo debe perseguir la renovación del fondo bibliográfico y conseguir los siguientes objetivos:

  • Retirar el material obsoleto y que ha dejado de interesar a los usuarios.
  • Lograr mayor espacio para nuevas adquisiciones.
  • Lograr que el usuario perciba que la colección es suficientemente completa y actualizada para incrementar el uso.

Los criterios generales que deberíamos seguir son:

  1. Obsolescencia. Este concepto hace referencia al envejecimiento del valor de las obras. En el entorno del Derecho hemos de tener cuidado, porque aunque es cierto que la legislación se está modificando constantemente, eso no significa que las obras dejen de tener valor doctrinal. A modo de ejemplo, la Ley de sociedades de capital es la consecuencia de la unificación de dos leyes (Ley de sociedades de responsabilidad limitada y la Ley de sociedades anónimas), pero no por ello debemos expurgar la colección «Comentario al régimen legal de las sociedades mercantiles» de Rodrigo Uría, Aurelio Menéndez y Manuel Olivencia publicada entre 1992 y 2010, porque estos son comentarios doctrinales escritos por juristas de gran prestigio que sirven como antecedentes para cualquier usuario que quiera entender el artículo equivalente de la norma actual (para evitar cualquier tipo de confusión al usuario, se puede dejar una nota en la ficha bibliográfica, o marcar el libro con un icono que identifique que es obsoleto).
  2. Usabilidad. Análisis del uso del fondo bibliográfico. Aunque se suele seleccionar como ejemplar potencialmente expurgable toda obra que no haya sido utilizada nunca y cuya adquisición haya sido anterior a los últimos cinco años, yo os recomiendo ampliar el campo a siete años dependiendo del tipo de Derecho. En este caso, el ejemplo se fundamenta en el mercado de valores. Durante la última crisis económica las operaciones sobre ofertas públicas de valores (OPV) y ofertas públicas de adquisición (OPA) se fueron paralizando. Si hubiera expurgado los libros sobre el tema por falta de uso de cinco años, los usuarios no tendrían con qué estudiar ahora que se han vuelto a reactivar.
  3. Duplicidad / Disponibilidad. Raramente se adquieren más de dos ejemplares de una obra. Sin embargo, a la hora de expurgar, la duplicidad es un factor que ayuda a reducir el fondo si se necesita espacio. Ahora con más razón, teniendo la posibilidad de adquirir la obra en formato digital (esto no sería expurgo sino sustitución/canje del formato).
  4. Redundancia. En ocasiones, debido a una modificación sustancial de una norma, se produce un boom editorial fomentado por la necesidad de doctrina que comente dicha modificación y sus consecuencias. Sin embargo, con el paso del tiempo lo novedoso se convierte en rutinario, y en las colecciones bibliográficas se transforma en documentación con contenido redundante.

Otro aspecto fundamental en el expurgo es la colaboración entre el personal de la biblioteca y los usuarios-expertos en cada área de práctica. Nosotros como bibliotecarios jurídicos debemos estar informados en cada momento de la publicación de las novedades y actualizaciones del ordenamiento jurídico. Sin embargo, siempre tenemos que tener como mínimo un enlace con cada área de práctica que nos ayude a saber cómo se encuentra el mercado y sus tendencias.

Una vez conocemos los criterios generales y tenemos un enlace en cada área de práctica, debemos hacer listados estadísticos con los cuatro factores. Tras el análisis de los resultados hemos de seleccionar por materia qué ejemplares son expurgables, para reunirnos con nuestro usuario-experto (suele ser el socio o el paralegal), que será quien decidirá qué retirar de sus respectivas colecciones de interés.

¿Qué debemos hacer con las obras que han sido seleccionadas en el expurgo? Tras la retirada de dichos ejemplares del fondo bibliográfico, lo más acertado es la donación de los mismos entre los usuarios a los que les hemos prestado ese material (muchos de ellos llegan a tener un «apego sentimental» a ciertas obras).

El resto puede quedar expuesto para que cualquier miembro del centro pueda quedárselo o donarlo a las bibliotecas públicas. Si pretendemos hacer una donación a una biblioteca pública, debemos tener en cuenta que no recogen obras de referencia (directorios, diccionarios, enciclopedias, etc.) ni obras excesivamente obsoletas porque sus usuarios tampoco podrán hacer uso de ellas. Informaos antes del procedimiento (este dependerá si son bibliotecas nacionales, autonómicas, provinciales o municipales) y entended que las bibliotecas públicas no sufren el «Síndrome de Diógenes«.

La última opción es la destrucción, los libros no son documentos confidenciales y pueden ser reciclados en el contenedor papel.

Este post es una recomendación para aquellas bibliotecas jurídicas que tienen que realizar un expurgo. En ningún momento pretendo que se convierta en una guía, pues aunque está basado en vivencias profesionales, cada biblioteca es un mundo que debe crear su propio modelo.

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